Rumbo a Bruselas

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Estoy en el tren, camino al aeropuerto. En breves cogeré un vuelo que, de nuevo, me transportará a una nueva vida. Una vida donde puedo ser el yo de siempre, donde el pasado, pese a estar presente, es menos conocido. Donde se es libre. Y pese a todo, me asaltan dudas…

¿Dónde está esa ilusión que me invadía cada vez que iniciaba una nueva vida?¿Dónde está ese entusiasmo de saber que todavía queda mucho por conocer?¿Y esas ganas de tener todo listo para disfrutar al máximo nada más llegar?¿Acaso me he hecho mayor?¿Existe la posibilidad de que esta sea la última?¿Será que quizás lo que tanto llevo buscando por todo el globo, al final estaba cerca de mí?¿Y si esos mensajes por la noche, esas quedadas entre amigos, esas escapadas de fin de semana, ese trabajo, tú, es lo que realmente quiero?¿Ha llegado el momento de parar?

Sí, esos son los pensamientos que han paseado por mi cabeza estos últimos días. Quizás sea por eso que me ha costado preparar todo más que otras veces, cuando no dudaba lo más mínimo, cuando quería dejar atrás demasiadas cosas y ahogarlas con nuevas experiencias. Porque lo vivido no se olvida, pero sí que es cierto que conforme más vas llenando tu vida de emociones, aquellas de las que huyes quedan más o menos diluidas por el resto. [caption id=”attachment_1277” align=”aligncenter” width=”450”]Bruselas Difuminada Bruselas Difuminada[/caption]

Y sé que al final todo saldrá bien,y que me rodearé de gente fabulosa, y que cuando vuelva me dará pena, y que viviré mil y una experiencias que se sumarán a las anteriores, y que cuando vuelva todos los de aquí seguirán estando ahí. Pero esta vez es diferente. Ni mejor, ni peor, diferente.