Friday Night (la fiesta en casa…)

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Hoy toca hablar de fiesta, no van a ser siempre tonterías relacionadas con ordenadores que disuaden a mis escasos lectores…

El fin de semana ha sido algo agotador, en esta entrada hablaré del viernes y en la siguiente del sábado (bastante lógico, ¿no?). Pues ahí va:

El americano de nuestra residencia decidió que iba a montar la “biggest party ever” en la residencia, ya que había ganado un premio de 5000 DKK (unos 700 eureles) y quería invertirlo en esa fiesta. El reparto de dinero era sencillo, 800 DKK para el equipo de música, 3000 DKK para cervezas y el resto para temas poco sanos. Fiesta en el patio de la VJK

Pero empezaré por el principio. Ya había salido el jueves, no mucho pero llegué tarde a casa debido al horario de trenes y había quedado a las 10 de la mañana para preparar los regalos del cumpleaños que teníamos el sábado, así que dormí 3 horitas y me fui para la “uni” a hacer los dichosos pósters que no sé que día decidimos que iba a ser el regalo típico de este Erasmus, me pegué todo el día metido allí, comí en un sitio que ni siquiera sabía que existía y luego me fui a escalar con Pati y con unos veteranos pero motivados compañeros (Charly y Lili).

Volvimos a casa, cenamos en la cocina de arriba y bajamos a echarle una manilla al americano con los pocos retoques que quedaban, descansamos un poco mientras los precoces extranjeros se sumían en lo profundo de la fiesta y luego ya decidimos que era nuestra hora. El recinto elegido era el patio interior de la residencia, se supone que no molestaríamos a nadie y era un lugar idóneo donde colocar al Dj, el grifo de cerveza y situar la pista de baile.

Fue bastante increíble, mucho buen rollo, música que jamás pensé que bailaría (techno-trance-dance) y espectáculo de cariocas y palo con fuego. Corrió mucho la cerveza y algunos que otros cigarrillos adulterados, por eso describiré lo que sentí a continuación, o por lo menos lo intentaré porque creo que es imposible expresar el estado en el que caí. “A las 3.18 alcanzo el Nirvana, combinación de todo lo anterior que consigue sumirme en un estado que supongo que será el Nirvana, cierro los ojos y veo un túnel con luces sobre el cual no me desplazo si no que estoy dentro y es él el que se mueve, además las luces de colores cambian con cada sonido musical que llega a mis oídos, en algún momento creo que me evado, quizás llego a entrar en un trance extraño, raro pero totalmente agradable, al final un ataque de manía persecutoria hace que me sienta algo incómodo, pero pasa rápido, si ninguna duda mereció la pena”.

Supongo que no son suficientes las palabras para explicar lo que sentí, habrá gente que lo llamará Nirvana, otros un trance, otros éxtasis, otros viaje… Cariocas de fuego