Turismo nocturno a “Ninguna parte”

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Hoy debería estar escribiendo sobre como ha ido la “International dinner” (hoy tocaba España), pero no va a poder ser. Tras un par de días cabreado con el mundo en general por diversos motivos y que ayer cierta acción de un personajillo vertiese la gota que colmó el vaso (o como se dice en inglés “the straw that broke camel’s back”) no tenía ninguna gana de acudir a una cena donde no iba a estar nada cómodo. Por suerte había quedado con alguien que me venía de excusa perfecta para no tener que asistir pero a última hora he recibido un mensaje diciendo que el tren llegaba tarde y había mucho cansancio en el cuerpo, así que si podía ser mejor mañana. Yo, que tampoco estaba en mis mejores momentos y para estar de mala cara con alguien que no se lo merece, pues lo he aceptado.

Ahora tenía el compromiso de asistir a la cena, no iba a mentir diciendo que había quedado cuando no era verdad, pero para estar poco agusto y en algún momento estallar y pagarla con alguien que probablemente no tendría nada que ver pues mejor darse un paseillo. La cena, seguro que ha estado bastante bien, se lo han currado bastante toda la tarde cocinando (yo he ayudado un ratito haciendo caramelo y salsa de tomate). Además iban a proponer juegos para hacerla más amena y relajar el ambiente, que la verdad, lleva un par de semanitas tenso… El menú:

  • Patatas bravas

  • Albóndigas (con tomate o jardinera)

  • Tostadas con escalibada

  • Flan

Total, que en vez de acudir a la cena, he decidido ir a desahogarme haciendo turismo nocturno a “Ninguna parte”. ¿Qué donde está? Pues es muy fácil, coges la bici (o en su defecto andando) y pedaleas hacía donde te apetezca. Yo he optado por explorar zonas que no conocía (decisión poco acertada, la verdad). He ido por el pueblecito donde vivo, llamado Virum y al llegar a una calle donde siempre giro a la izquierda, pues he decidido ir recto. Al principio iba bastante orientado, cosa rara en mí que tengo poca orientación (no sexual, que esa la tengo muy clara) pero las calles han empezado a curvarse y he empezado a no saber donde estaba. Una vez he retrocedido, no soy de esos que suelen retroceder, pero cuando te encuentras bastante alejado de tu casa, un domingo a las diez de la noche y una calle delante con ningún tipo de alumbrado público, te lo piensas y decides volver sobre tus pasos.

En un punto he girado a la izquierda o a la derecha cuando no tenía que hacerlo y de repente me he dado cuenta de que tras casi una hora pedaleando estaba totalmente perdido. ¡Qué no cunda el pánico! el turismo nocturno a ninguna parte es así. He llegado a un pueblo que me sonaba, Sorgenfri, y en cuanto he llegado a la estación de trenes, iluso de mí, creía haber encontrado la forma de volver, me he equivocado creyendo que el tren venía por la otra dirección y he empezado a alejarme más y más. Algún que otro coche me ha pitado pasando a mi lado a más de 100 km/h, lo que me ha hecho suponer que ir por la autopista con la bicicleta es algo también prohibido en Dinamarca y no solo en España. Como me he acojonado (estoy cabreado, pero aún aprecio mucho mi vida), he empezado a andar por el arcén hasta que he visto un camino paralelo a unos 4 metros a mi derecha. He saltado el quitamiedos, he bajado una cuesta llena de ramas, totalmente a oscuras y donde podría haberme dejado el tobillo y al final he seguido ese camino. He pasado por debajo de la autopista por un túnel sin luz y que en España ni de coña cruzaría, no olía ni a orines, ni había ningún tipo de mala gente. Entonces me he encontrado en un lago, joder, un puto lago, lo que me faltaba. A mi izquierda una cuesta que caía a las vías del tren, a mi derecha un lago y yo por un camino de tierra, con poca luz y yendo hacia ninguna parte.

He seguido totalmente perdido hasta que al fondo he visto una luz de algo que me sonaba, uhmm, creo que en ese bar me eché un día un par de cañas, me he dicho. Y efectivamente ya sabía donde estaba, en Lyngby, vamos que he ido en dirección totalmente contraria a la que creía que iba. En ese pueblo he decidido que había que darse también una vuelta, me he comprado un refresco en el 7eleven que casi no me he podido beber, no me entraba nada en mi estómago cerrado y he seguido caminando hasta que al rato me he vuelto a subir a la bici para llegar a casa a los veinte minutos.

En total, una horita y media de turismo por sitios que no conocía ni sabré reconocer cuando vuelva, si es que vuelvo a ir. Al llegar a casa había cena en la puerta, la disfrutaré mañana, gracias MQ ;)

Y cito textualmente: “En ninguna parte puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma”, Marco Aurelio.

Yo he estado en “Ninguna parte” y la verdad, si que es tranquilo y apacible…